5 rituales mágicos de otoño

El 21 de marzo comenzará el otoño. El punto del Equinoccio nos señala un momento particular: cuando el día y la noche se equilibran, para luego, con el correr de los días, volver a desequilibrarse. A partir de ese momento –en el Hemisferio Sur- las noches comenzarán a ser más largas que los días y toda la naturaleza nos llevará hacia adentro, hacia la introspección, el recogimiento, el descanso. Pero este descanso es activo. Durante esta época la energía se retrae para volver a nacer con toda la fuerza en el Equinoccio de Primavera.




La estación de las hojas que caen e inundan las veredas con los colores de la tierra siempre fue mi estación preferida para ritualizar, para conectar con otros estados de consciencia. Luego, hablando con otros colegas que se dedican a temas espirituales, me enteré de que esto era algo común y natural. Las fogatas, los calderos, las velas, son mejor recibidas en el invierno, al interior de la Salamandra (antigua cueva ritual). De hecho, Halloween (o Shamhain, como quieran llamarle), fecha arquetípica de las brujas, es el esplendor del invierno en el Hemisferio Norte, donde tiene su orígen… Pero, ¡no nos adelantemos!

Estos son 5 pequeños rituales de épocas otoñales. Son “mágicos” puesto que movilizan energía.

1. Caminata de poder y observación de los árboles.

Las llamadas «caminatas de poder» explicadas en los libros de chamanismo o magia, son una hermosa actividad para el despertar espiritual natural al que esta época nos invita. Se trata de salir a caminar por algún parque o lugar natural intentando mantener un silencio mental prolongado, acompañado de la respiración o cualquier otra técnica meditativa con la que contemos. Si la cabeza se pone a «trabajar» a los pocos pasos, ¡no desesperar! Es su costumbre. Hay que tratar de volver a silenciarla.

La observación «atentísima» es fundamental, puesto que la idea es salir del diálogo interior para prestar atención máxima lo que pasa afuera: las hojas que pisamos, los árboles y animales que hay a nuestro alrededor, observando si hay alguna señal que aparece: una pluma, una piedra, un canto, algo que nos interpele. Si encontramos un árbol con el que nos identificamos o que nos atrae especialmente, debemos quedarnos ahí, viendo el proceso que atraviesa en las ramas y hojas, porque eso mismo también nos sucede a nosotros en otro nivel, estamos dejando ir para volver a renacer.

2. Recolectar ofrendas de estación

En la caminata recolectamos hojas, piñas, frutos y los llevamos a algún rincón de la casa que tenga la función de altar. Para los neopagamos se celebra la festividad “Mabón” –de origen celta- que tiene que ver con el agradecimiento de los frutos de la cosecha del año recibidos de la madre naturaleza. Por lo que estos elementos pueden ser una pequeña y simbólica ofrenda. Los colores que se utilizan para decorar son: rojo, marrón, dorado, amarillo. Las fragancias: pino, sándalo, canela y árboles nativos. Las velas pueden ser doradas, marrones, rojas. La idea es que ese espacio nos conecte directamente a la vida espiritual.



3. Nos tomamos unos minutos para agradecer todo lo que recibimos, los deseos cumplidos hasta el momento. Porque nos preparamos para la entrada al invierno que es un tiempo de balance interno acerca de dónde estamos paradas. Para las culturas andinas, el Equinoccio de Otoño se celebraba en la ceremonia Pacha Poqoy Raymi, que marcaba para nuestro hemisferio el tiempo de preservación de las semillas que servirán para la próxima cosecha. Conclusión: el camino que marca la naturaleza es el de seguir con lo que nos nutre y nos alimenta y descartar lo que no sirve. Los deseos futuros se proyectan en semillas que se depositan en el altar.

4. Camino al invierno. La idea es que podamos registrar los cambios de luz, que la noche se acrecienta y con ella, la posibilidad de acceder a lugares nuestros guardados, inconscientes, como secretos familiares, comportamientos tóxicos, grupos o hábitos que no suman. La idea es poder dedicar todos los días unos minutos de conexión espiritual y limpieza, sabiendo que el llamado “velo entre los mundos” será más sutil entre este período y el Solsticio de Invierno, en el cual celebraremos una nueva muerte y renacimiento.




5. Trabajar con dibujos e imágenes que impliquen cambios de estado en la naturaleza y los bosques pero también con imágenes de animales que simbolizan la transmutación y la noche: la serpiente, el buho o lechuza, los felinos nocturnos –salvajes o domésticos-, el escorpión, el murciélago. Para ver qué nos traen, si nos provocan miedo, curiosidad, entusiasmo, sensación de peligro. También podemos hacer visualizaciones de descensos por escaleras túneles o cuevas y usar la escritura automática para ver qué imágenes se nos vienen “azarosamente”.

Fuente: Clarín